16 junio, 2026

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Operación Panito 12 años de historias

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on las 7:30 de la mañana de un sábado en Quetzaltenango frente a la Casa de la Cultura, personas comienzan a llegar para recibir un alimento digno. Para quienes pasan por el lugar puede parecer una actividad sencilla, pero detrás de esos recipientes llenos de comida existe una historia que comenzó hace doce años con una bolsa de pan, un termo de café y una familia que decidió hacer algo por los demás así nació Operación Panito.

La historia comenzó cuando Salvador Mendizábal vio un reportaje sobre una actividad similar que ya se realizaba en la Ciudad de Guatemala. La idea le llamó la atención y decidió comunicarse con los organizadores lo que empezó como una conversación terminó convirtiéndose en un reto llevar esa iniciativa a Quetzaltenango sin saber exactamente hasta dónde llegaría el proyecto, Salvador comenzó junto a su familia no había grandes recursos ni decenas de voluntarios solamente había ganas de ayudar aquella primera mañana salieron con una bolsa de pan y un termo de café para compartir con personas en situación de calle. Nadie imaginaba que doce años después la actividad seguiría realizándose cada sábado.

Con el paso de las semanas comenzaron a llegar más personas dispuestas a colaborar algunos llevaban alimentos para cocinar, otros ayudaban a servir y muchos aportaban de la manera que podían poco a poco Operación Panito empezó a crecer.

Durante varios años, los voluntarios colocaban mesas y bancos para que las personas pudieran sentarse a desayunar. No era solamente entregar comida la idea era que cada persona pudiera sentirse bienvenida y atendida con dignidad gracias a las donaciones también lograron comprar platos, vasos y cubiertos plásticos reutilizables después de cada jornada, los mismos colaboradores se turnaban para lavarlos y prepararlos para el siguiente sábado.

Los menús variaban dependiendo de lo que se lograra reunir muchas veces había arroz, frijoles, pan y café otras veces se servían plátanos cocidos, salchichas o diferentes platillos preparados por los voluntarios sin embargo algunos días fueron especialmente recordados.

Uno de ellos ocurrió durante una celebración de noviembre, cuando lograron reunir los ingredientes necesarios para preparar fiambre para muchas personas puede parecer algo común, pero ese día varios de los beneficiarios comentaron que tenían años sin probarlo mientras comían algunos recordaban las reuniones familiares que habían dejado atrás. Otros hablaban de las celebraciones que ya no podían compartir.ás que un plato de comida, aquel fiambre les devolvió recuerdos de momentos importantes de sus vidas.

También hubo ocasiones en las que se llevaron paches, especialmente durante las celebraciones de fin de año. Para muchas personas, recibir una cena navideña significaba mucho más que alimentarse; significaba sentirse acompañados en fechas que suelen ser difíciles cuando se está solo.

Hasta el año 2019, una de las actividades más esperadas era la celebración del Día del Niño. Los voluntarios organizaban piñatas, repartían dulces y, cuando era posible, entregaban juguetes. Ver la emoción de los niños era una de las mayores recompensas para quienes colaboraban.

La Navidad también ocupaba un lugar especial dentro de Operación Panito. Cada 24 de diciembre se preparaba una cena especial acompañada de chocolate caliente, dulces, manzanas, uvas y pequeños regalos. También se realizaban entregas durante fin de año para compartir con quienes más lo necesitaban.

Además de las actividades en las calles, los voluntarios visitaban el Hospital Regional de Occidente. Llegaban al área de pediatría para compartir con los niños hospitalizados, llevarles juguetes, realizar juegos y regalarles un momento diferente en medio de sus tratamientos y enfermedades.

Pero en el año 2020 todo cambió.

La pandemia del COVID-19 obligó a modificar por completo la forma en que se realizaba la actividad. El parque central permaneció cerrado y ya no era posible reunir a las personas alrededor de las mesas.

Cuando Operación Panito regresó, lo hizo de una manera diferente. Los voluntarios comenzaron entregando café y pan preparados para llevar. Las personas pasaban recogiendo sus alimentos y continuaban su camino para evitar aglomeraciones.

Con el tiempo volvieron los platos de comida, aunque las mesas ya no regresaron como antes. Desde entonces, la dinámica cambió, pero el objetivo siguió siendo el mismo: ayudar.

En 2023 regresó una de las actividades más esperadas, la celebración del Día del Niño. Las piñatas volvieron a formar parte de la jornada, recordando muchos de los momentos que se vivieron antes de la pandemia.

Entre las personas que han formado parte de esta historia se encuentra Luchi Guzmán, quien durante años ha participado junto a su hijo. Ella asegura que Operación Panito ha cambiado su vida porque le ha enseñado a ser más humilde y a compartir con personas que muchas veces son ignoradas por la sociedad.

Su hijo prácticamente creció asistiendo cada sábado, viendo cómo una simple acción puede tener un impacto importante en la vida de alguien más.

Otra persona fundamental es Iris López, quien junto a su esposo y sus hijos ha trabajado para que la actividad continúe realizándose. Sus hijos crecieron sirviendo alimentos y aprendiendo desde pequeños el valor de ayudar a los demás.

Hoy, doce años después de aquella primera bolsa de pan y aquel termo de café, Operación Panito continúa reuniendo a personas que creen en la solidaridad.

Al ver las fotografías de estos doce años es posible observar cómo han cambiado los lugares, las personas y las actividades. Hay imágenes de desayunos alrededor de mesas, de celebraciones con piñatas, de visitas al hospital, de cenas navideñas y de jornadas realizadas durante la pandemia.

Pero si algo permanece igual en todas esas fotografías es el deseo de ayudar.

Porque más allá de los platos de comida entregados cada sábado, Operación Panito ha construido una historia hecha de pequeños gestos, recuerdos y personas que decidieron dedicar parte de su tiempo a servir a quienes más lo necesitan.

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